Y Rodrigo todavía no sabía que el golpe más fuerte no venía del ultrasonido.
PARTE 3
Rodrigo apareció en el aeropuerto cuarenta minutos después.
Llegó despeinado, con la camisa arrugada y los ojos rojos. Patricia venía detrás de él, llorando. Doña Teresa no apareció. Después supe que se había quedado en la clínica gritando que Fernanda era una cualquiera y que nadie iba a manchar el apellido Arriaga.
Rodrigo me encontró cerca de seguridad.
“Valeria”, dijo, sin aliento. “Necesito hablar contigo.”
Me puse delante de mis hijos.
“No les levantes la voz.”
Mateo se escondió detrás de mí. Eso fue lo que terminó de romper algo en Rodrigo. Por primera vez, vio miedo donde antes solo veía obediencia.
“Yo no sabía”, dijo.
“¿Qué cosa no sabías? ¿Que Fernanda mentía? ¿Que tu familia trató a mis hijos como si fueran basura? ¿O que mientras tú celebrabas un heredero, ellos estaban perdiendo a su papá?”
Bajó la mirada.
“Dime qué hay en ese expediente.”
El licenciado Esteban se acercó.
“Señor Arriaga, lo recomendable es que hablemos con abogados presentes.”
Rodrigo negó con la cabeza.
“No. Ya no quiero más mentiras.”
Saqué una copia de la carpeta azul.
“La prueba confirma que el bebé de Fernanda es compatible con Diego.”
Rodrigo cerró los ojos, como si hubiera recibido un golpe.
“Mi hermano…”
“Sí.”
Patricia se tapó la boca.
Pero todavía faltaba lo peor.
“También hay transferencias”, continué. “Tu mamá le pagó a Fernanda desde hace meses.”
Rodrigo abrió los ojos.
“¿Qué?”
“Doña Teresa sabía que Fernanda estaba embarazada antes de que tú lo supieras. Sabía que las fechas no cuadraban. Pero le convenía más culparme a mí de todo y venderte la idea del hijo varón.”
Patricia empezó a negar con la cabeza.