Firmé los papeles del divorcio, y él salió corriendo a celebrar el “bebé varón” de su amante… Pero en la clínica, el médico estudió la ecografía y dijo: “Las fechas no coinciden.”

“Puede variar unos días”, respondió el doctor. “Pero aquí no hablamos de unos días.”

Patricia bajó lentamente el celular.

Rodrigo soltó la mano de Fernanda.

“¿De cuánto está?”

El doctor miró nuevamente la pantalla.

“Aproximadamente dieciocho semanas.”

El silencio cayó sobre el consultorio.

Rodrigo parpadeó.

“No. Eso no puede ser.”

Fernanda se incorporó un poco.

“Rodri, cálmate.”

Él la miró como si acabara de verla por primera vez.

“Fernanda, tú me dijiste que tenías doce semanas.”

“Me confundí.”

“¿Te confundiste con seis semanas?”

Doña Teresa se llevó la mano al pecho.

“Doctor, revise otra vez.”

El médico lo hizo.

Y dijo lo mismo.

Dieciocho semanas.

Rodrigo empezó a hacer cuentas en voz alta. Dieciocho semanas atrás, él no estaba con Fernanda en Cancún, como ella había jurado. Estaba en Monterrey, encerrado tres días en una convención empresarial. O eso decía.

Entonces Patricia soltó algo que no debía.

“Pero esa semana Diego también estaba en Monterrey.”

Rodrigo volteó despacio.

Diego.

Su hermano menor.

El consentido de doña Teresa. El que siempre llegaba tarde, el que siempre pedía dinero, el que se reía demasiado cerca de Fernanda en las reuniones familiares.

Fernanda palideció.

“No metas a Diego en esto.”

Pero ya era tarde.

Rodrigo le arrebató el celular de las manos.

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