Pero Richard lo había previsto todo.
Grabaciones de vídeo. Documentos. Testigos.
En una grabación, habló con calma:
“Esto no se trata de un solo día. Mi hijo no está preparado. Le di todo, excepto responsabilidad. No voy a arriesgar miles de vidas dependiendo de esta empresa”.
Eleanor observaba, con lágrimas cayendo en silencio.
Esto no era venganza.
Era responsabilidad.
Entonces, todo se derrumbó para Thomas.
Su esposa lo abandonó cuando el dinero desapareció.
Su círculo social se esfumó.
Su reputación quedó destrozada.
Por primera vez en su vida, no le quedaba nada tras lo que esconderse.
Ni riqueza.
Ni poder.
Ni ilusiones.