PARTE 2
Bajé las escaleras como pude.
Mis piernas no respondían.
Mi pecho ardía.
Y ahí estaba ella.
María Fernanda.
Mi hija.
Más delgada.
Más pálida.
Con el cabello recogido sin cuidado y un abrigo gris demasiado grande para su cuerpo.
Pero era ella.
Mi niña.
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